sábado, 2 de abril de 2011

OPINIÓN DEL PROGAMA DE TELEVISIÓN

Programa de televisión: “A MANO LIMPIA” 


Es  una serie juvenil que va dirigida a todas las familias colombianas.

Este programa de televisión centra su historia en las familias de un barrio de escasos recursos económicos que luchan día a día por salir adelante y donde los adolescentes se ven involucrados en diferentes situaciones que los llevarán por diferentes rumbos.

Estos adolecentes luchan en peleas clandestinas para conseguir dinero y sobrevivir; sin embargo, esta situación cambia cuando dos estudiantes de psicología llegan al barrio a intentar cambiar la mentalidad tanto de los adolescentes como de sus familias.

Veo los conflictos que se presentan con los adolescentes de la novela y en la vida cotidiana y no encuentro mucha diferencia ya que se está reflejando el mundo en el que viven los jóvenes de estratos bajos. 

Hay muchas situaciones que se reflejan en esta novela; 
  • La del hermano o el papá que regresa a su casa luego de estar en cárcel por asesinar a otra persona y que al volver a su hogar encuentra que su hijo o hermano está enredado en ese mismo mundo criminal. 
  • otra situación que se destaca es la del estudiante de psicología proveniente de una familia adinerada, que hace sus prácticas profesionales con los jóvenes del barrio y que decide sacarlos de la delincuencia. 
  • El distintivo caso de la adolescente embarazada que frustra sus sueños y metas por ser mamá a tan corta edad. 
  • Algo que destaco y que me parece muy chévere es la idea de generan un gimnasio donde esperan canalizar el afán de violencia de los muchachos a través del boxeo de competencia, buscan formar nuevos campeones de boxeo y que este proyecto sea aceptado como el lugar donde los muchachos que han cometido faltas a la justicia puedan pagar su castigo. Estos proyectos son los que motivan a los muchachos de hoy en día a tener la cabeza ocupada y no estar pensando solo en violencia.

domingo, 27 de febrero de 2011

LA SOCIOLOGÍA Y SU FINALIDAD

Siempre los hombres se han interesado por el hombre, cada uno a su modo. El sociólogo se especializa en abordar el fenómeno social desde un enfoque científico. Así, para J. Fichter, “la sociología es el estudio científico de los seres humanos en sus relaciones con los otros”, que “dirige su atención al hecho humano de ‘vivir juntos’; estudia las leyes constantes del comportamiento social, y toma como objeto central de estudio el hecho de las relaciones humanas: todo lo que contribuye a la asociación de personas o deriva de ella es materia de su estudio”. “El contenido de la sociología son los ‘fenómenos sociales’... Es mejor decir que estudiamos la interacción humana”.
En cuanto a la finalidad de la sociología hay que mencionar que “el estudio y la investigación se orienta casi siempre en definitiva a ‘hacer mejor las cosas’... y ayuda al individuo y a la sociedad a conseguir mejores relaciones sociales”. De hecho, “el conocimiento seguro de los fenómenos sociales es un prerrequisito esencial y básico para una sociedad mejor”.
En cuanto al término “sociología”, éste ha sido utilizado por primera vez por Auguste Comte y popularizado por Herbert Spencer. Los componentes esenciales de la vida social, en cambio, se remontan al origen de la humanidad misma. Y es que siempre existen “evidentes regularidades y uniformidades” en el comportamiento humano. En cuanto al método, mencionemos que, con preguntas a la gente, observaciones y participación en la vida de distintos grupos, la sociología se fue proveyendo con el paso del tiempo de un cuerpo de información procedente de la investigación práctica. El resultado fueron algunas generalizaciones, rigurosas, pero abiertas, con alta probabilidad, al punto que “es posible formular predicciones genuinas sobre la conducta social y cultural de los seres humanos”, incluso ciertas pautas de comportamientos correspondientes al ejercicio de ciertos roles sociales.
“La función del sociólogo no consiste en evaluar la realidad concreta de los fenómenos sociales. Los acepta como datos de hecho, dejando a los filósofos los problemas fundamentales de su existencia y esencia”. El sociólogo aprende del filósofo, del psicólogo, del biólogo, de la ética y de otras disciplinas, y debe tomar sus ‘hallazgos’ como cosas probadas, y prerrequisitos de su propio conocimiento. De modo que el sociólogo debe ser un hombre poseedor de una cultura general. El sociólogo no puede enseñar lo que debe aprender a su vez.
El sociólogo puede pensar en términos de especie y no simplemente de actos humanos específicos. Para esto hay que aprender a conceptualizar y entrenarse en el arte de abstraer de los sucesos concretos las generalidades esenciales del fenómeno de la “interacción”. Así surge el concepto mismo de sociedad: “una totalidad coherente y funcionante”. No obstante el que estudia la sociedad debe diferenciar entre “semejanzas constantes y diferencias variables” y “tales uniformidades forman parte de la naturaleza social”. No obstante hay que distinguir entre las semejanzas y diferencias accidentales, y “aceptar por igual la uniformidad y la variabilidad, la permanencia y el cambio”. Sabido es que “las personas cooperan entre sí para satisfacer las necesidades sociales” y que “en todas las sociedades existen las mismas necesidades básicas, aunque la manera de satisfacerlas difiera notablemente”.
Con esto surge el planteo sobre la existencia de algo con valor permanente en la vida social. Pero esto es una cuestión ética. “El sociólogo, como científico, se esfuerza (se debe esforzar!) en evitar todo juicio moral sobre las culturas y las sociedades que estudia y analiza. Observa que los sistemas de valores difieren de una sociedad a otra y hasta de un grupo a otro dentro de la misma sociedad”, pues “nadie podrá ser completamente imparcial en su actividad frente a los valores sociales”, pues nadie “puede divorciarse completamente de la cultura en la que él mismo se halla envuelto”. No obstante, el tema de los valores no compete al estudio sociológico.

Hay que notar que la sociología es uno de los asuntos más difíciles que puede acometer el espíritu humano, debido a tres hechos: 1) La complejidad de la sociología (y de la sociedad y la cultura), a causa de la necesidad de atender a tantos elementos simultáneamente, 2) La causalidad múltiple de los fenómenos sociales, pues no hay una causa única, aunque admitir esto sea error y simplismo más propagado. En un hecho hay muchos factores conexos. 3) La inestabilidad de las soluciones sociales, ya que la sociedad y la cultura cambian de continuo.-

AMBITO DE LA SOCIOLOGIA


Porqué nos comportamos como lo hacemos, porqué las instituciones que nos rodean son de esa forma y no de otra, porqué escogemos una determinada forma de vida y no cualquier otra. Porqué vivimos en un mundo como el nuestro, cargado de profundas diferencias e injusticias; porqué creemos en algunos ritos pero otros nos parecen ridículos y absurdos; cómo surgió el mundo tal como lo conocemos ahora, estas son las cuestiones que la sociología indaga con el objetivo de dar explicación al mundo del que hacemos parte, como diría el sociólogo ingles Anthony Giddens: “la sociología es el estudio de la vida social humana, de los grupos y sociedades. Es una empresa cautivadora y atrayente, al tener como objeto nuestro propio comportamiento como seres humanos” (Giddens, 2000).


La sociología, como disciplina, abarca diversos fenómenos sociales que van desde la relaciones duales hasta las grandes instituciones sociales como el Estado y la religión. Por tal motivo, a lo largo de la historia de la sociología se han creado campos de investigación específicos, entre los más generales se encuentran:
1.     Sociología de la Vida cotidiana
2.     Sociología Política
3.     Sociología Urbana
4.     Sociología de la Familia
5.     Sociología de la Educación
6.     Sociología Industrial
7.     Sociología de la Religión

LA SOCIEDAD CONTEMPORANEA


Casi todo lo que compramos no es esencial para nuestra supervivencia, ni siquiera incluso para las comodidades humanas básicas, sino que está basado en el impulso, la novedad, un momentáneo deseo. Y hay un precio oculto que nosotros, la naturaleza y las futuras generaciones tendremos que pagar por todo ello.
La mayoría de las personas sabemos que la humanidad está haciendo un daño terrible sobre los sistemas de soporte vital de nuestro planeta, que nos proporcionan aire y agua limpios, suelo y biodiversidad.

Pero al mismo tiempo nos sentimos tan insignificantes entre 6,2 billones de personas que cualquier cosa que podamos hacer para aligerar nuestro impacto sobre la naturaleza parece trivial.

A menudo nos preguntamos: ¿qué puedo hacer yo? Bueno, ¿qué tal si nos fijamos en nuestros hábitos de consumo? Hace no mucho tiempo, la frugalidad y sencillez se consideraban virtudes. Pero ahora dos terceras partes de nuestra economía están basados en el consumo. A esto no se ha llegado por casualidad.
El mercado de valores se hundió en 1929 desencadenando la Gran Depresión que sumió al mundo en terribles penurias. La segunda guerra mundial fue el catalizador de la recuperación económica. La enorme base de recursos de América, su productividad, energía y tecnología se pusieron al servicio de la guerra y pronto su economía iba sobre ruedas. Con la victoria inminente, el consejo de asesores económicos del presidente se vio obligado a buscar la manera de transformar una economía de guerra, para la paz.
Poco después del fin de la guerra, el analista de mercado Víctor Lebow expresaba una posible solución: "Nuestra economía, enormemente productiva, exige que hagamos del consumo nuestro estilo de vida, que convirtamos el comprar y utilizar bienes, en auténticos rituales, que busquemos nuestra satisfacción espiritual, la satisfacción del ego, en el consumir... necesitamos que se consuman cosas, se quemen, se sustituyan, y se tiren, todo ello a un ritmo cada vez más rápido".

El consejo de asesores económicos del presidente Eisenhower declaró: "el propósito último de la economía americana debe ser el producir más bienes de consumo." No una mejor atención sanitaria, educación, vivienda, transporte, ocio, o menos pobreza y hambre, sino abastecer de más y más cosas a los consumidores. Cuando las cosas se diseñan para que estén bien hechas, y sean duraderas, llega un momento en que los mercados se saturan. Para lograr un mercado sin fin se introduce la obsolescencia rápida (pensemos en coches, ropa, ordenadores...) Y con lo desechable, cuando un artículo se
 usa una vez y se tira, el mercado nunca alcanzará la saturación.
Pero los productos de consumo no se crean de la nada. Proceden del material de La Tierra, y cuando ya no sirven serán devueltos a ella como basura y residuos tóxicos. Hace falta además energía para extraer la materia prima, procesar, fabricar y transportar esos productos; mientras el aire, el agua y el suelo se contaminan en muchos puntos del ciclo vital de un producto. En otras palabras, lo que consumimos tiene efectos directos sobre la naturaleza.
Y además hay costos sociales y espirituales. Allen Kanner y Mary Gomes escriben en "The All-Consuming Self": "La compra de un producto nuevo, especialmente uno de los caros como un coche o un ordenador, típicamente produce un inmediato estallido de placer y plenitud, y generalmente proporciona estatus y reconocimiento al comprador. Pero, a medida que la sensación de novedad se desvanece, el vacío amenaza de nuevo con volver. La solución habitual para el consumidor suele ser centrar su ilusión en la próxima y prometedora compra."
Al final, es algo que va más allá del placer o el estatus: comprar cosas se convierte en una exigencia imposible de saciar. Paul Wachtel escribe en "La pobreza de la Riqueza": "Tener más cosas y más nuevas cada año se ha convertido no ya en algo que queremos, sino algo que necesitamos. La idea de una mayor y siempre creciente abundancia se ha convertido en el centro de nuestra identidad y seguridad, y quedamos atrapados como el adicto lo está por su droga.
Casi todo lo que compramos no es esencial para nuestra supervivencia, ni siquiera incluso para las comodidades humanas básicas, sino que está basado en el impulso, la novedad, un momentáneo deseo. Y hay un precio oculto que nosotros, la naturaleza y las futuras generaciones tendremos que pagar por todo ello.
Cuando el consumo se convierte en la razón misma para la existencia de las economías, nunca nos preguntamos "¿Cuánto es suficiente?", "¿Para qué necesitamos todas éstas cosas?", o "¿Somos un poco más felices?"
Nuestras decisiones personales como consumidores tienen repercusiones ecológicas, sociales y espirituales. Es hora de re-examinar algunas de las ideas más profundas que subyacen detrás de nuestros estilos de vida.